miércoles, 17 de mayo de 2017

LA NAVIDAD DE PEDRO, UN CIUDADANO EJEMPLAR


Pedro camina cansado, con la fatiga del año como un caballo viejo galopando en sus espaldas, con las esperanzas reducidas a tres verdades y media, con la continuación de la vida siempre igual y desigual
a través de la lucha de todos los días.

Tuvo alguna vez la juventud llena de sueños y toda la vida adelante sembrada de ilusiones en el claro sendero de la existencia pero despertó, de repente, y supo que la vida no le pertenecía porque había sido comprada desde siglos atrás por aquellos que manejan el poder y el dinero.

Quiso volar libre con el viento y amar las palomas y las nubes y las voces de los dioses, más claras a los oídos humanos cuanto más alto estamos y más libres, pero fue abatido su vuelo por las armas homicidas de los cazadores de vientos.

Fue numerado en los gigantescos ficheros de los quehaceres humanos y, día tras día, acudió a la cita concertada con la técnica; a cambio ha recibido esta miseria de ahora, miseria que a fuerza de años comienza a volverse vieja y este desgano de todo que le acompaña como un perro.

La noche cae lentamente sobre el cansancio de Pedro. Camina con los pasos lentos y las manos ocupadas con dos o tres paquetes de juguetes y confites, regalo del hombre sombra-niño-dios que llega una vez, cada 365 días, a borrarnos la miseria con su historia de esperanza y de alegría.

Pedro, como todos, quisiera que de verdad hubiera un niño-dios que haga realidad los sueños

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